Necesidades no tan básicas

Photo by Toa Heftiba on Unsplash
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“El marketing satisface necesidades” es posiblemente la frase más pronunciada entre los que nos dedicamos a esto.  Gastamos un montón de tiempo y recursos para descubrir qué es lo que quiere el cliente y dárselo mejor que la competencia. Sin embargo la interpretación que hagamos de esas necesidades depende mucho de las características de la empresa que las busca, e incluso de la capacidad del profesional que las analiza. Una lectura mediocre o irresponsable de esas necesidades conduce a una satisfacción mediocre y hasta peligrosa para el cliente, la empresa y la sociedad.

Satisfacer al cliente en muchos casos no solo es cumplir el deseo más primitivo. Eso solo genera una relación de corto plazo que a la larga no crea una relación con el producto y compromete el futuro de la empresa. Hay muchas empresas que interpretan las necesidades de sus clientes en términos tan básicos que solo saben ofrecerle ese premio primitivo e insustancial que a la larga acabará llevándolo a escoger otro producto que le dé algo más.

Aún se escuchan por ahí planteamientos como “mi producto le da al cliente sabor” o “estamos para hacerte pasar un buen rato”. Puede que atraigan la primera vez, pero a la larga no empatizan realmente con el cliente. Las motivaciones son mucho más profundas y la empresa que sepa interpretarlas es la que al final se llevará el premio de la fidelidad. Esta es la diferencia entre “vender cables” o” vender soluciones eléctricas”, la de” vender comida” o “momentos gastronómicos especiales”.

Creer que el cliente piensa de forma básica  solo lleva a obtener de él la respuesta más básica: pasar de ti, y si por suerte adquiere lo que vendes, solo percibirá que solo haces lo mismo que los demás.