El “Carnyx” que todos llevamos dentro

A ver quién se atreve a tocarlo con esa cara

“Estamos en el año 50 antes de Jesucristo. Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor”. Seguramente a la mayoría os suena esta célebre frase que hemos leído innumerables veces desde niños.  Sin embargo lo que pocos saben es que hay algo de cierto en aquella historia en la que un grupo de galos les ponían las cosas verdaderamente complicadas a los romanos, y no precisamente por tener una poción mágica.

Resulta que cuando el Imperio comenzó su avance por el norte de Europa encontró que sus miles de soldados y toda su maquinaria bélica eran burlados por pueblos en los que los habitantes parecían saber cuándo  desaparecer, cuándo aprovechar un descuido para atacar, cuál era el flanco más débil y cómo cambiar de táctica para sorprender al enemigo durante la batalla.

Lo que los romanos tardaron un tiempo en descubrir era que las tribus celtas contaban con el “Carnyx”, un extraño instrumento musical metálico que simulaba la cabeza de algún animal mítico y que, aunque en principio sólo parecía anunciar el inicio del combate, en realidad sus notas entrañaban un código con el cual los celtas sabían exactamente lo que debían hacer en todo momento durante la contienda, mientras los romanos se apañaban a gritos o enviando mensajeros desde la retaguardia.

Aquellos grupos de aldeanos carecían de catapultas o armaduras, pero supieron entender que  la comunicación podía llegar a ser una poderosa arma secreta.  Saber comunicarnos con los demás es una ventaja que nos ha permitido evolucionar y eso es igual de válido hoy en día cuando vemos cómo empresas poderosas como ejércitos romanos dan traspiés porque las comunicaciones no fluyen como deberían.

Hace un par de semanas los periódicos nos contaban como en Francia (hablando de Galos) la compañía estatal de trenes había encargado 2.000 vagones que no cabían en las estaciones, un “pequeño desliz” ocasionado por un problema de comunicación interno. Evidentemente no todos los errores de comunicación son tan escandalosos, pero cientos de pequeños desaciertos acaban representando para las empresas “vagones” de pérdidas y miles de irrecuperables horas de los empleados perdidas inútilmente.

Mejorar nuestras habilidades de comunicación es un problema de todos y nuestro reto debería ser que cada vez que tengamos que transmitir un mensaje a nuestros compañeros, colaboradores y supervisores fuéramos tan efectivos como un Carnyx.

10 Lecciones para tocar el Carnyx y ganar la guerra

1.- Adapta tu mensaje a quien lo recibe: Puedes repetir las cosas, puedes hablar más fuerte, puedes incluso pagar para que te lean, te vean o te escuchen, pero si no te entienden no habrás logrado nada.  Es fundamental huir de tecnicismos y adaptar lo que tengas que contar a la cultura, experiencia y capacidad de esas personas a las que quieres influir.

2.- Sé conciso y preciso: Si dices demasiadas cosas a la vez, sólo lograrás confundir.  Un único mensaje concreto es mucho más certero que llenar a tus destinatarios de información que no sabrán manejar.

3.- Sé interesante: Los mensajes que nos despiertan alguna emoción se recuerdan mejor. Procura buscar vías originales para expresar lo que quieres decir.  Capta el interés y busca dejar una huella en la mente de quien te escucha.

4.- Empatía: Lo que para ti es importante puede que sea irrelevante para quien te escucha porque no compartís las mismas emociones.  Intenta entender las motivaciones, necesidades y situación de la persona que recibe el mensaje y procura estar sintonizado con ellas.

5.- Escucha, escucha, escucha: En el mundo comercial se dice que un buen vendedor no es el que más habla sino el que mejor escucha.  Esa lección se puede trasladar a cualquier comunicación.  Para acertar al divulgar un mensaje es fundamental tener la mayor información posible de nuestro interlocutor: ¿Qué le interesa? ¿Cómo se siente? ¿Qué le motiva? ¿Cuánto sabe de lo que le voy a contar? ¿Qué opina?  El comunicador eficaz escucha para responder a estas preguntas y luego adapta su mensaje en función de ellas.

6.- Humildad: Es importante que seas lo suficiente humilde para entender que la mayor parte de las veces, si no logras transmitir tus ideas, el problema no es del que escucha.  Posiblemente has fallado al elaborar tu mensaje y eso requiere que sigas trabajando en ello.

7.- Feedback: Una vez que hayas emitido tu mensaje, asegúrate que haya sido comprendido y procura conocer la opinión sobre lo que has comunicado. Sólo así podrás saber si has sido efectivo o si, por el contrario, ha habido algún malentendido.

8.- Sé Coherente: De nada nos vale ser excelentes comunicadores cuando nuestras propias acciones nos contradicen. Para quien recibe el mensaje es tan importante lo que dices como tus actos.  Si por ejemplo, convocas una reunión para plantear mejoras en el ambiente laboral, pero tú mismo eres quien crea los problemas, los demás sólo podrán añadir “charlatán” a la lista de tus defectos.

9.- Entre agresivo y pasivo, mejor asertivo: Se dice que entre los extremos está virtud.  En la comunicación podemos colocar en un extremo a esas personas que intentan imponer su mensaje con agresividad y en el otro a los que asienten permanentemente y ceden a lo que dicen los demás.  Justo en el medio está la habilidad de ser asertivo, es decir: de manifestar sus opiniones respetando las de los demás, y al mismo tiempo ser persuasivo cuando es necesario.

10.- Cuidado con el ruido: En el mundo de la comunicación se llama “ruido” a otros mensajes del entorno que compiten con el tuyo por ser el protagonista.  Asegúrate que las personas a las que intentas alcanzar no están siendo bombardeadas por otros mensajes parecidos (a veces contradictorios) que limitarán el alcance del tuyo.

Si tienes curiosidad sobre el  Carnyx, puedes verlo y escucharlo en este vídeo: John Kenny toca el Carnyx en YouTube